Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

LA CHAQUETA. El blog de Francisco Rullán

LA CHAQUETA. El blog de Francisco Rullán

Escritor y Educador Social


EL NIÑO EMPERADOR

Publicado por Francisco Rullan activado 18 Noviembre 2015, 12:31pm

Etiquetas: #Educación infantil, #Educación Social.

EL NIÑO EMPERADOR

Existe un trastorno infantil denominado Trastorno de Oposición Desafiante (TOD) que se da en niños y adolescentes de entre 10 y 17 años. Suelen ser en su mayoría varones, pudiendo aparecer en algunos casos antes, llegando incluso a registrarse desde los cinco años de edad.

SÍNDROME DEL NIÑO EMPERADOR

Es el popularmente conocido como Síndrome del niño emperador.

Se trata de niños que se convierten en los dueños no solo de nuestro hogar, sino que además también marcan nuestro ritmo de vida.

El origen viene dado por un modelo educativo, que en ciertos ámbitos se describe como altamente permisivo y que yo personalmente denomino el modelo no educativo por excelencia.

Es decir, prescindimos como padres y madres de nuestra responsabilidad, muchas veces incómoda y sufrida de educar en valores. La importancia de saber decirles NO, se ve con claridad en estos casos, cada vez menos excepcionales.

Muchas veces nos cuesta negar un capricho a nuestro hijo y ante una conducta inadecuada se nos hace cuesta arriba mantener un castigo.

No es fácil ser padre y madre y exige un gran esfuerzo y sacrificio. En muchas ocasiones llegamos a casa tras largas y cansadas jornadas de trabajo, o acumulamos problemas personales de todo tipo, siendo lo último que necesitamos el realizar un sobreesfuerzo, manteniendo pulsos agotadores con nuestros hijos.

ERRORES EDUCATIVOS

El no mantener los castigos o el consentir los caprichos de nuestros hijos, fomenta el desconcierto y provoca ciertas actitudes no deseadas en nuestros hijos.

Todos hemos sido testigos, en ocasiones en primera persona, de respuestas de niños a sus padres o madres que nos dejan "alucinad@s". Incluso vemos como estos "pequeños tiranos" pegan impunemente a sus padres o madres cuando algo no les gusta.

También vemos como no obedecen, llegando incluso a ignorar por completo a su padre o madre. Salidas de la casa de los amiguitos que se eternizan o el simple hecho de irse del parque. También el salir de casa, se puede convertir en un problema si el niño encuentra allí lo que necesita. Televisión o consola, por ejemplo.

Ver los programas de la tele que les apetece y en los horarios que consideran oportuno. Cenar sólo lo que le gusta y acostarse cuando le da la gana, son otros de los hechos que nos deben hacer encender la luz de alarma.

Es importante ser un ejemplo para nuestros hijos. Ellos imitan nuestras conductas y aprenden como los castigos no se cumplen o como con ciertas actitudes pueden conseguir aquello que desean.

También el exigirles cosas que luego no cumplimos, les desorientan. Les exigimos que no se pasen el día con las dichosas maquinitas, mientras sostenemos el móvil en la mano, por poner un ejemplo.

Asitimos pues a lloros desconsolados o insoportables (rabietas sin fin), pataletas, gritos e incluso órdenes que nos conducen a este escenario.

SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO

Existen una serie de síntomas muy evidentes. El principal es la desobediencia. También el enfado habitual, la mala relación con los padres, con los que discutirá habitualmente. Suelen conllevar un problema de autoestima, que a veces se esconde detrás de una fachada de malote. Problemas en el colegio o la falta de amigos, son otros elementos a tener en cuenta.

En cualquier caso, ante la duda de que el niño pueda estar padeciendo el síndrome, conviene consultar con un especialista. Él o ella determinará la patología si es que existe y valorará el mejor tratamiento.

En dicho tratamiento un elemento primordial será el realizar un reciclaje por parte de los padres. El cumplimiento de una serie de pautas y una reeducación en su forma de entender la manera de educar a su hijo.

No debemos olvidar que el niño, pese a esa forma de actuar, también sufre. No es feliz y el obtener todos los caprichos que se le antojen tan solo sirve como parche y nunca como solución real.

Es sin duda un problema cada vez más habitual. La sociedad actual marcada por las prisas, por el capitalismo y la superficialidad nos conducen a estas situaciones.

Cierro este artículo con un relato que aparecerá en mi próximo libro de relatos (Menudas historias), que hace referencia a esto precisamente.

EL PEQUEÑO EMPERADOR

El niño malcriado era insoportable. Contestón, irascible, un pequeño emperador acostumbrado a salirse siempre con la suya.

El niño era hijo único y papá y mamá no querían que llorase. Querían que siempre fuera feliz. Así, si el niño no se quería ir de un lugar, podrían alargar la estancia allí hasta la noche para evitar su sufrimiento. Si estaban en casa de algún amigo, entonces debían forzarle a marcharse y estallaba la tormenta. Insultos, pataletas, rabias, lloros.

Si quería ir al cine, debían ir al cine y si quería un juguete, papá viajaría por mar y tierra hasta encontrarlo.

Desde chiquitito tuvo la tele en su habitación y se dormía viendo los programas nocturnos que mezclaban la supuesta adivinación con la obscena pornografía.

A los nueve años le compraron el móvil que les exigía y a los diez ya imponía él los horarios de comidas y de cenas.

El niño cada vez quería menos a papá y mamá, porque en realidad eran un estorbo para conseguir sus objetivos.

Papá miraba para otro lado y mamá se preguntaba por qué les había tocado un hijo así, a ellos, que todo se lo habían dado.

El niño se hizo hombre y no sabía hacer la o con un canuto, por ello comenzó a detestar a su papá y a su mamá.

El hombre se quedó solo porque nadie le soportaba y él no sabía enfrentarse a la vida.

Odiaba a sus padres y estos se compadecían de sí mismos.

Le dieron la casa y todo el dinero que ahorraron durante una vida, antes de ir con su pensión a terminar sus días en una residencia.

El hombre nunca les fue a visitar.

Cuando se quedó sólo en la vida, se sintió mejor. Eso que le pasaba a veces por la cabeza, con forma de recriminación, desapareció.

Nunca llegó a gran cosa en la vida. Murió como vivió, solo y pobre.

Como lo que siempre fue, un pobre niño caprichoso y solitario.

¿Quién manda en casa?

¿Quién manda en casa?

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:

Archivos

¡Somos sociales!

Ultimos Posts