A la adopción se suele llegar, tras fracasar en el intento de ser padres y madres, por otros medios. Este fracaso conlleva que los futuros padres arrastren miedos e inseguridades, a los que deberán enfrentarse para poder desarrollar su labor, de la forma en que lo necesitan tanto ellos como su hijo o hija.
Aceptar e interiorizar la paternidad adoptiva
Cuando se toma la decisión de adoptar, se debería aceptar, en la mayoría de los casos, la incapacidad de ser padre o madre biológico.
La adopción proviene de la necesidad y el derecho de un niño o una niña, a tener unos padres que le ofrezcan un hogar en el que crecer y desarrollarse adecuadamente, en un entorno familiar y acogedor. Implica la necesidad de unos padres de poder formar esa familia.
Entender este aspecto tan sencillo, es fundamental para establecer una relación, a nivel emocional, de igualdad con el hijo.
Sí, es cierto que a ese menor se le brinda la oportunidad de tener una familia, pero no es menos cierto, que ese niño o esa niña también está ofreciendo la oportunidad de ejercer como padres a quienes lo necesitaban.
Aceptarse como padre o madre adoptivo, supone interiorizar que el aspecto genético es insustancial por inexistente.
Los miedos a que el niño no se parezca al padre o la madre, nacen de la no aceptación total del hijo adoptivo, con todo lo que ello implica. En ocasiones, se está más pendiente del que dirán los demás que de los propios sentimientos.
Otro tema relevante es el miedo a la revelación de la procedencia y a la reacción del niño.
Vuelve a aparecer, en este caso, la inseguridad y la no aceptación de una realidad.
Definitivamente el papel del padre y de la madre, ya sean adoptivos o biológicos, se ejerce en el día a día, en criar y sacar adelante a un hijo o a una hija, dándoles todo el amor posible.
Todo lo demás forma parte de la historia del hijo adoptivo y por ello es recomendable respetar esa historia personal y la necesidad que, en un momento dado, pueda tener, por conocer más detalles de la misma.
Ayudar al hijo adoptivo en esa búsqueda de sus raíces, no sólo no le alejará de sus padres adoptivos, sino que le unirá aún más a ellos.
La sinceridad y la naturalidad son dos elementos de gran ayuda, en este difícil y bello camino.

